Arxivar per Febrer, 2005

Un gran impulso para proyecto europeo.

La expectación ante nuestro referéndum era muy grande en toda la Unión y el amplio apoyo expresado a la Constitución Europea ha sido un indudable éxito colectivo.
La apuesta era arriesgada, pero por primera vez, hemos sido impulsores del proceso europeo. La decisión que tomamos el domingo aporta un estímulo indudable al proceso de aprobación del Tratado constitucional y así ha sido admitido con satisfacción en Bruselas y en todas las capitales comunitarias.
Cabe destacar los resultados en la Comunidad Valenciana, que una vez más, desde sus profundos vínculos con el espacio europeo, ha demostrado su clara vocación de participar activamente en el diseño de su futuro.
A partir del momento de su esperada aprobación definitiva dentro de veinte meses, la Constitución hará posible una Europa más sólida y democrática, permitirá seguir avanzado en nuestro modelo social y reforzará la influencia de la Unión en el mundo desde los valores que compartimos.
Se ha polemizado sobre el momento de la convocatoria, pero también desde ese punto de vista ha resultado ser un acierto. De haberse realizado más tarde esta consulta, habría pasado desapercibida y en cambio, ahora, ha sido una referencia en la que han estado centradas las miradas de muchos europeos.
Sorprende la estrategia del PP, que ha renunciado a compartir la parte que, en justicia, le pudiera corresponder en este éxito colectivo. Ha preferido exagerar hasta el delirio la trascendencia del porcentaje de participación. Resulta paradójico que en las elecciones del pasado mes de junio, el PP no le atribuyera ninguna importancia a un nivel de participación similar. Ahora sin embargo, la utiliza con virulencia contra el Gobierno, buscando un nivel de crispación y de enfrentamiento que no va a ser correspondido.
Mejor será que se apliquen a la reflexión. Muchos de los ciudadanos que se sienten más cercanos al PP podrían haber ido a las urnas si hubiera habido en la derecha española un mayor nivel de compromiso, una menor división interna y un poco menos de resentimiento.
Respecto del significado del no, se puede tomar nota de que, al menos una parte de sus votantes, aspira a que Europa avance más en lo social, en lo político y en la representación de las regiones. Esa es una lucha que muchos compartimos, pero si tenemos en cuenta la correlación de fuerzas en Europa, las conquistas alcanzadas por la izquierda política y social en el texto constitucional eran difícilmente superables. El No solo nos podía hacer retroceder.
Por otro lado, pretender que todos los votos negativos corresponden a las organizaciones que desde la izquierda han propuesto esa opción, es simplemente irreal. En ese caso, cabría interpretar que en el barrio de Salamanca de Madrid o en el Pla del Real aquí en Valencia, la penetración de Izquierda Unida o de Esquerra Republicana de Catalunya es un peculiar fenómeno que nadie había sido capaz de prever.
Los resultados también nos demuestran que es necesario hacer un mayor esfuerzo, para incrementar el nivel de participación, para que estén más próximas las instituciones y las decisiones europeas.
Por primera vez, hemos podido pronunciarnos directamente, sobre una cuestión relacionada con la construcción europea, algo que hasta hoy estaba reservado a los acuerdos entre gobiernos. Ha sido un ejercicio democrático y pedagógico muy útil, aunque insuficiente, pero ha impulsado la celebración de miles de actos, conferencias, debates, artículos y entrevistas. Nunca antes se había hecho un despliegue similar para acercar el proyecto europeo a los ciudadanos.
Desde la esfera política e institucional se pueden desarrollar mayores esfuerzos para promover el incremento de los lazos políticos, culturales y humanos de los valencianos y las valencianas con el resto de los europeos. En este sentido, sería muy conveniente favorecer una mayor presencia de todas las expresiones de nuestra sociedad civil en sus respectivas estructuras europeas. También programas como el Erasmus en el que ya han participado más de dieciséis mil estudiantes valencianos o los hermanamientos entre instituciones son caminos que sin duda pueden ser muy útiles.
En todo caso, el amplio apoyo al Tratado constitucional expresado el 20 de febrero de 2005 se recordará como un gran impulso a la construcción de Europa. Será nuestra contribución a la afirmación de los valores y del modelo social europeo, y permitirá dotar a la Unión de las estructuras y las instituciones necesarias para estar a la altura de las exigencias del siglo XXI.

Joan Calabuig Rull

Para que Europa siga avanzando.

El 4 de mayo de 1976 nacía el diario El País y en su primera portada titulaba:”El reconocimiento de los partidos políticos, condición esencial para la integración en Europa”. Daba cuenta así de una resolución del Parlamento Europeo que exigía al gobierno español, entonces presidido por Carlos Arias Navarro, el restablecimiento de las libertades individuales, políticas y sindicales, la amnistía y el regreso de todos los exiliados.
El proyecto europeo contribuía de nuevo al final de una dictadura en Europa. Transcurridas varias décadas de aquellos momentos, la evolución de nuestro país se ha convertido en otro ejemplo del éxito de este proyecto colectivo, tanto en lo político, como en lo económico y social.
La Constitución sobre la que decidiremos el domingo, pretende que Europa y por tanto nuestra Comunidad, siga avanzando. Quiere dar solidez a las instituciones de la Unión, mejorar la calidad de su democracia y afirmar su modelo social. También simplifica y adapta sus procedimientos para asumir la mayor ampliación de su historia, la que ha permitido superar la división del continente y crear un espacio de 450 millones de personas.
Aspira a ser un punto de encuentro válido para la inmensa mayoría de los europeos y europeas. Unas reglas de juego que luego permitan decidir a los ciudadanos si quieren políticas progresistas o conservadoras.
Para la Comunidad Valenciana, Europa siempre ha sido una aspiración en lo político, lo cultural y lo económico. Tenemos una economía abierta y el 70% de nuestras exportaciones se dirigen precisamente a los países de la Unión. Por ello, más que otros, necesitamos una Europa sólida y un mercado eficiente.
Por otro lado, la Constitución establece mecanismos que van a permitir una participación más amplia de nuestra Comunidad en las decisiones europeas. Las regiones se ven reconocidas de forma expresa y se proclama el respeto a la diversidad cultural y lingüística. Los protocolos anexos permitirán también que los valencianos podamos dirigirnos a las instituciones de la Unión en nuestra lengua propia.
Curiosamente se ha afirmado que la Constitución promueve la deslocalización de nuestras empresas. Pero este fenómeno se ha producido en el pasado y seguramente se producirá en el futuro. El Tratado establece precisamente unos derechos sociales comunes y una política de cohesión territorial que promoverá una convergencia en materia social y salarial como la que nosotros mismos hemos vivido. Por tanto, las deslocalizaciones carecerán progresivamente de interés, al menos, dentro del espacio europeo.
Desde la perspectiva de la gran mayoría de la izquierda social y política la Constitución que se nos propone incluye
avances sociales evidentes. Se ha incluido la Carta de Derechos Fundamentales con carácter vinculante, se habla de “economía social de mercado “ y de “pleno empleo”, cuando en Niza tan solo se hablaba de “economía de mercado abierta” y “alta ocupación”. La igualdad entre hombres y mujeres será un valor de la Unión y la política social ha pasado de ser una competencia complementaria a serlo compartida.
El texto permite seguir avanzando y refuerza el modelo social europeo. A buen seguro que a los trabajadores americanos o a los chinos les gustaría tener un amparo constitucional y efectivo como el que ofrece Europa.
Quedan sin duda muchas inquietudes ante nosotros. Nuestra Comunidad tendrá que afrontar la modernización del sector industrial en un entorno de fuerte competencia. Por otro lado, deberemos seguir avanzando en la convergencia social con unos recursos que ahora habrá que compartir con ciudadanos mucho más pobres que nosotros. Para dar respuesta a todo ello, esta Constitución, es un buen punto de partida, un buen marco para afrontar con éxito los desafíos que tenemos ante nosotros.

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