La expectación ante nuestro referéndum era muy grande en toda la Unión y el amplio apoyo expresado a la Constitución Europea ha sido un indudable éxito colectivo.
La apuesta era arriesgada, pero por primera vez, hemos sido impulsores del proceso europeo. La decisión que tomamos el domingo aporta un estímulo indudable al proceso de aprobación del Tratado constitucional y así ha sido admitido con satisfacción en Bruselas y en todas las capitales comunitarias.
Cabe destacar los resultados en la Comunidad Valenciana, que una vez más, desde sus profundos vínculos con el espacio europeo, ha demostrado su clara vocación de participar activamente en el diseño de su futuro.
A partir del momento de su esperada aprobación definitiva dentro de veinte meses, la Constitución hará posible una Europa más sólida y democrática, permitirá seguir avanzado en nuestro modelo social y reforzará la influencia de la Unión en el mundo desde los valores que compartimos.
Se ha polemizado sobre el momento de la convocatoria, pero también desde ese punto de vista ha resultado ser un acierto. De haberse realizado más tarde esta consulta, habría pasado desapercibida y en cambio, ahora, ha sido una referencia en la que han estado centradas las miradas de muchos europeos.
Sorprende la estrategia del PP, que ha renunciado a compartir la parte que, en justicia, le pudiera corresponder en este éxito colectivo. Ha preferido exagerar hasta el delirio la trascendencia del porcentaje de participación. Resulta paradójico que en las elecciones del pasado mes de junio, el PP no le atribuyera ninguna importancia a un nivel de participación similar. Ahora sin embargo, la utiliza con virulencia contra el Gobierno, buscando un nivel de crispación y de enfrentamiento que no va a ser correspondido.
Mejor será que se apliquen a la reflexión. Muchos de los ciudadanos que se sienten más cercanos al PP podrían haber ido a las urnas si hubiera habido en la derecha española un mayor nivel de compromiso, una menor división interna y un poco menos de resentimiento.
Respecto del significado del no, se puede tomar nota de que, al menos una parte de sus votantes, aspira a que Europa avance más en lo social, en lo político y en la representación de las regiones. Esa es una lucha que muchos compartimos, pero si tenemos en cuenta la correlación de fuerzas en Europa, las conquistas alcanzadas por la izquierda política y social en el texto constitucional eran difícilmente superables. El No solo nos podía hacer retroceder.
Por otro lado, pretender que todos los votos negativos corresponden a las organizaciones que desde la izquierda han propuesto esa opción, es simplemente irreal. En ese caso, cabría interpretar que en el barrio de Salamanca de Madrid o en el Pla del Real aquí en Valencia, la penetración de Izquierda Unida o de Esquerra Republicana de Catalunya es un peculiar fenómeno que nadie había sido capaz de prever.
Los resultados también nos demuestran que es necesario hacer un mayor esfuerzo, para incrementar el nivel de participación, para que estén más próximas las instituciones y las decisiones europeas.
Por primera vez, hemos podido pronunciarnos directamente, sobre una cuestión relacionada con la construcción europea, algo que hasta hoy estaba reservado a los acuerdos entre gobiernos. Ha sido un ejercicio democrático y pedagógico muy útil, aunque insuficiente, pero ha impulsado la celebración de miles de actos, conferencias, debates, artículos y entrevistas. Nunca antes se había hecho un despliegue similar para acercar el proyecto europeo a los ciudadanos.
Desde la esfera política e institucional se pueden desarrollar mayores esfuerzos para promover el incremento de los lazos políticos, culturales y humanos de los valencianos y las valencianas con el resto de los europeos. En este sentido, sería muy conveniente favorecer una mayor presencia de todas las expresiones de nuestra sociedad civil en sus respectivas estructuras europeas. También programas como el Erasmus en el que ya han participado más de dieciséis mil estudiantes valencianos o los hermanamientos entre instituciones son caminos que sin duda pueden ser muy útiles.
En todo caso, el amplio apoyo al Tratado constitucional expresado el 20 de febrero de 2005 se recordará como un gran impulso a la construcción de Europa. Será nuestra contribución a la afirmación de los valores y del modelo social europeo, y permitirá dotar a la Unión de las estructuras y las instituciones necesarias para estar a la altura de las exigencias del siglo XXI.
Joan Calabuig Rull
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