Reducir los impactos de una reestructuración inevitable
No es extraño que desde mediados del verano esté de rigurosa actualidad la polémica generada por el bloqueo de 75 millones de prendas (básicamente jerséis, pantalones y sujetadores) procedentes de China en los puertos europeos.
La industria del textil y de la confección europea emplea en la actualidad a más de dos millones y medio de trabajadores y trabajadoras agrupados fundamentalmente en pequeñas y medianas empresas. Esta industria se caracteriza además por su fuerte concentración regional.
El origen de la situación, se encuentra en la entrada en vigor de los compromisos adoptados en la Organización Mundial de Comercio en 1995. Los firmantes de este acuerdo, se comprometieron a liberalizar el comercio textil y de la confección a partir del 1 de enero de 2005, suprimiendo el sistema de cuotas vigente hasta entonces.
La apertura total del comercio textil provocó una avalancha de productos chinos en las fronteras europeas que se detectó durante el primer semestre de este año. El incremento de algunos productos alcanzó el 500 %.
Tras las protestas de patronal y sindicatos, que advirtieron de las consecuencias de esta avalancha en términos de empleo, la Comisión Europea decidió limitar las importaciones chinas.
Sin embargo, tuvo mucho cuidado de que la situación no acabara derivando en una guerra comercial que deteriorara unas relaciones políticas y comerciales en las que Europa tiene mucho interés. China es motivo de preocupación pero, al mismo tiempo, es un mercado de mil trescientos millones de personas que ofrece crecientes oportunidades.
El 13 de junio de este año, se llegó a un acuerdo por el que China aceptaba limitar hasta 2007, la entrada de diez productos considerados clave (camisetas, pantalones, blusas, sujetadores, jerséis…) de un total de 163 categorías de productos.
Pero desde el momento en que se anunció la posibilidad de acordar estas limitaciones y aprovechando el tiempo necesario para concretar el acuerdo, muchos importadores europeos demandaron y acumularon gran cantidad de mercancía. No estamos, por tanto ante un problema que podamos atribuir únicamente a China.
Para desbloquear los millones de productos textiles acumulados en los puertos europeos, la Comisión y las autoridades chinas llegaron el pasado día 5 de septiembre, a un nuevo acuerdo. El compromiso alcanzado es poco satisfactorio porque los intereses de los distribuidores han primado sobre los de la industria textil. Se ha ofrecido una imagen de falta de rigor y seriedad que no debe repetirse en el futuro.
La industria textil ha realizado en los últimos años importantes esfuerzos para modernizarse, pero para afrontar el futuro con garantías ha de continuar con su reestructuración. Para ello, necesita un escenario claro, una liberalización progresiva y sin sobresaltos y disponer de todo el tiempo que permiten los mecanismos acordados en 1995 para seguir adaptándose, es decir hasta 2008.
Nadie está planteando la vuelta a un proteccionismo que pasó a la historia. Lo que se reclama es competir con unas reglas de juego iguales para todos, es decir, transparencia en los mercados, respeto a los acuerdos y exigencia de unos mínimos en los aspectos sociales y medioambientales.
Pero las principales medidas para garantizar el empleo en el sector textil y de la confección están en el ámbito de una moderna política industrial.
En el caso de España, el nuevo Gobierno ha apostado por una política industrial activa y se ha comprometido a la utilización de todos los instrumentos a su alcance para apoyar la reestructuración del sector textil.
Los gobiernos de las Comunidades autónomas tienen también una gran responsabilidad en el éxito de este proceso. En el caso valenciano hará falta el apoyo decidido de la Generalitat más allá del recurso a la demagogia al que se acoge habitualmente el Conseller Nieto. Lamentablemente y pese a tener las principales competencias en esta materia, dispondrá de un escaso margen de maniobra para apoyar al sector. En los últimos años, la industria valenciana no fue una prioridad del PP, que se endeudó hasta el límite en proyectos de ocio y propaganda que poco tenían que ver con los verdaderos retos de nuestra Comunidad.
Por otro lado, también la Comisión Europea deberá impulsar decididamente el apoyo al sector textil y tendrá que hacerlo con celeridad y con medidas específicas dada la excepcionalidad y urgencia de los retos que afronta el sector.
En resumen, deberemos intensificar y acelerar los esfuerzos para reestructurar nuestra industria textil facilitando su desarrollo en el nuevo entorno y paliando, al mismo tiempo, los efectos sociales y los impactos regionales que, como en el caso de la Comunidad Valenciana, se derivaran de este proceso.
Joan Calabuig Rull
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