Arxivar per Març, 2006

Una industria abandonada a su suerte.

No estamos ante un problema sobrevenido, hace años que en diversos foros se venía denunciando que nos enfrentábamos a desafíos de gran calado. Eran evidentes las caídas en la producción de las industrias tradicionales y el descenso continuado en las exportaciones. Tanto los sindicatos y los empresarios, como el líder socialista Ignasi Pla no han cesado de pedir la intervención del Consell. Sin embargo, la repuesta del presidente Camps ha sido negar sistemáticamente las dificultades atrincherándose en un triunfalismo, en ocasiones, delirante
Resulta evidente que el proceso de liberalización acordado años antes en la OMC y que ha tenido su momento culminante en 2005, anunciaba un escenario lleno de nuevos riesgos y oportunidades. Las empresas se fueron adaptando a los cambios y, en muchos países, el proceso de reestructuración tuvo el acompañamiento de los gobiernos -especialmente los socialdemócratas- para amortiguar los costes sociales y crear condiciones para consolidar una industria con perspectiva de futuro y adaptada a la nueva realidad de la economía mundial.
Ante los retos de la globalización, el Consejo Europeo de Lisboa celebrado en 2000 planteó que el objetivo estratégico de Europa es “convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social”.
Según el último informe de la Comisión sobre el futuro de la industria manufacturera europea no estamos en la mejor situación para hacer frente a la competencia de China, la India y otras zonas emergentes. Señala el ejecutivo comunitario que pese a que existen sectores muy competitivos y de alta tecnología, la mayoría se concentran en segmentos de tecnología media que exigen cualificaciones bajas o intermedias. Se señala que esta situación expone a la Unión Europea a la competencia de los productores de economías emergentes.
Las orientaciones del citado informe apuntan la necesidad de una nueva política industrial. Se trataría de impulsar una competencia basada en la I+D, en la innovación, en la calidad, en el diseño, en nuevos modos de organización de la producción y en la inversión en sectores avanzados y con una mano de obra cualificada. Europa ha hecho una clara apuesta por competir sobre la base de la excelencia y no por precio.

Estamos ante un momento de reestructuración industrial profunda, que tiene y seguirá teniendo importantes consecuencias sociales que habrán de ser abordadas y contar con recursos concretos de todas las administraciones. Este proceso requiere la cooperación entre todos los agentes clave, es decir las instituciones y los interlocutores sociales. Se trata de anticiparse a los cambios, minimizar los daños sociales y aprovechar al máximo las oportunidades.

Este análisis deja en evidencia con claridad donde se encuentran, en gran medida, las raíces de las actuales dificultades para nuestra industrial.
La última década ha sido clave para afrontar la reestructuración de la industria valenciana, sin embargo, el Consell ha ignorado por completo la hoja de ruta que contenía las orientaciones europeas, ha establecido unas prioridades equivocadas, ha generado una enorme deuda y ha despilfarrado los recursos públicos en una gestión incontrolada y en proyectos ruinosos.
A diferencia de otras regiones europeas, los empresarios y los trabajadores de nuestra Comunidad vienen afrontando, sin un apoyo coherente y sustancial de la Generalitat los desafíos de una globalización acelerada.
El intervencionismo del Consell en muchos campos ha dejado claro que el abandono de nuestra industria no tiene ninguna justificación. La política y la gestión desarrolladas por el PP están muy alejadas de lo que la sociedad valenciana necesita y del camino que Europa ha de recorrer.

 

Joan Calabuig Rull

 

El Boletín de Empresas

 

China, nuevos desafíos y oportunidades

Todo el mundo reconoce hoy el impresionante desarrollo económico de China y su renovado papel en la escena internacional. Además, la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008 y de la Exposición Universal de Shangai en 2010 incrementará todavía más su protagonismo.

Sin embargo, el país asiático también afronta desequilibrios importantes que han estado en el centro de los debates de la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular celebrada el pasado mes de marzo en Pekín.
Un crecimiento económico que alcanza el 9% anual y la apertura al exterior han situado a China en el centro de la economía mundial. En los próximos diez años se esperan crear cuarenta y cinco millones de nuevos empleos en las zonas urbanas, lo que supondrá un desplazamiento masivo de personas desde las zonas agrícolas y un colosal esfuerzo inversor en nuevas infraestructuras y servicios.
Las relaciones entre la Unión Europea y China son cada vez más estrechas. Desde 1990 el incremento de las exportaciones chinas a Europa ha superado el 820% y las de la Unión al gigante oriental más de un 600%.
Hoy más de 150.000 estudiantes chinos cursan ya estudios en universidades europeas, un número que, sin duda, crecerá en los próximos años.
La firma en 2004 de un acuerdo sobre el estatuto de destino turístico autorizado entre la UE y China ha permitido la llegada a Europa de los primeros miles turistas chinos de los más de 100 millones que se calcula que llegarán a salir en 2020.
El país asiático es hoy clave para nuestra seguridad, para el empleo, para captar inversiones y para acceder a un mercado que ofrece enormes oportunidades.
Sin embargo, los sectores económicos más intensivos en mano de obra, como el textil, el calzado, el mueble o el juguete, afrontan con inquietud y dificultades la competencia china. España está notando su impacto en forma de pérdida de empleo industrial, especialmente en aquellas empresas más centradas en competir por precio y no por calidad, innovación y diseño.
Para profundizar y reequilibrar las relaciones entre los dos países, el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero ha impulsado el Plan China que prevé cerca de 40 actuaciones a corto y medio plazo con el fin de mejorar la posición de España.
El ejecutivo español centrará sus esfuerzos en la eliminación de obstáculos para acceder al mercado chino, el impulso a la presencia de empresas españolas o la promoción de España como destino turístico. En contraste con la indiferencia de la etapa Aznar, estas iniciativas son una clara expresión de la toma de conciencia de España ante la nueva etapa de China y los retos que supone.
Pero el progreso chino tiene también sus desafíos. Uno de los más importantes es la enorme necesidad de recursos energéticos y de materias primas lo que conlleva un creciente choque de intereses, particularmente, con los Estados Unidos.
En la actualidad, China tiene presencia en casi todos los puntos del globo donde existe la posibilidad de obtener suministro de gas o petróleo como Rusia, Irán o Sudan. También tiene una creciente actividad en países como Venezuela, Argentina o Perú. Además, aunque probablemente por otras razones, existe una creciente cooperación con Cuba, especialmente en la renovación de puertos, transporte por carretera y ferrocarriles.
Los Estados Unidos miran el ascenso de China con mayor desconfianza cada día. Condolezza Rice advirtió, durante una reunión del llamado dialogo trilateral sobre seguridad con Australia y Japón, que “el reforzamiento militar chino es una preocupación para nosotros que tenemos una responsabilidad en la defensa de la paz en la región de Asia Pacífico”.
Australia que posee el 40% de las reservas de uranio del mundo, ha llegado a un importante acuerdo para el suministro de este combustible a China que, aunque destinado a uso civil, a buen seguro incrementará la inquietud norteamericana.
China afronta también desequilibrios internos y crecientes tensiones sociales. El número de “disturbios de orden público” en los que se producen, en muchas ocasiones, choques muy violentos no ha parado de crecer en los últimos años llegándose a la cifra de 87.000 el pasado año.
El undécimo Plan quinquenal (2006-2010) aprobado en el reciente pleno de la Asamblea Nacional Popular pretende dar solución a los principales desequilibrios que presenta la China de hoy.
Se aspira a reducir la gran desigualdad existente entre el campo y la ciudad que, en los casos más extremos, llega a una proporción de uno a diez. También se pretende incrementar la capacidad de compra y el consumo de los ciudadanos y combatir la pobreza.
Los próximos años se va a dar prioridad a la modernización del Estado chino, se van a incrementar los recursos para la educación, la sanidad, la atención social o las infraestructuras.
Se han anunciado pasos para conformar un verdadero estado de derecho y para mejorar la situación de los derechos humanos, pero si la modernización china quiere progresar en armonía, necesitará de avances democráticos que permitan canalizar la representación de los distintos intereses sociales pacíficamente. La falta de control político y social conlleva arbitrariedades y corrupción y ahí está el origen de muchas tensiones y de los mayores riesgos para el futuro.

Joan Calabuig Rull

Boletin Internacional PSOE

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