Sin embargo, el país asiático también afronta desequilibrios importantes que han estado en el centro de los debates de la sesión anual de la Asamblea Nacional Popular celebrada el pasado mes de marzo en Pekín.
Un crecimiento económico que alcanza el 9% anual y la apertura al exterior han situado a China en el centro de la economía mundial. En los próximos diez años se esperan crear cuarenta y cinco millones de nuevos empleos en las zonas urbanas, lo que supondrá un desplazamiento masivo de personas desde las zonas agrícolas y un colosal esfuerzo inversor en nuevas infraestructuras y servicios.
Las relaciones entre la Unión Europea y China son cada vez más estrechas. Desde 1990 el incremento de las exportaciones chinas a Europa ha superado el 820% y las de la Unión al gigante oriental más de un 600%.
Hoy más de 150.000 estudiantes chinos cursan ya estudios en universidades europeas, un número que, sin duda, crecerá en los próximos años.
La firma en 2004 de un acuerdo sobre el estatuto de destino turístico autorizado entre la UE y China ha permitido la llegada a Europa de los primeros miles turistas chinos de los más de 100 millones que se calcula que llegarán a salir en 2020.
El país asiático es hoy clave para nuestra seguridad, para el empleo, para captar inversiones y para acceder a un mercado que ofrece enormes oportunidades.
Sin embargo, los sectores económicos más intensivos en mano de obra, como el textil, el calzado, el mueble o el juguete, afrontan con inquietud y dificultades la competencia china. España está notando su impacto en forma de pérdida de empleo industrial, especialmente en aquellas empresas más centradas en competir por precio y no por calidad, innovación y diseño.
Para profundizar y reequilibrar las relaciones entre los dos países, el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero ha impulsado el Plan China que prevé cerca de 40 actuaciones a corto y medio plazo con el fin de mejorar la posición de España.
El ejecutivo español centrará sus esfuerzos en la eliminación de obstáculos para acceder al mercado chino, el impulso a la presencia de empresas españolas o la promoción de España como destino turístico. En contraste con la indiferencia de la etapa Aznar, estas iniciativas son una clara expresión de la toma de conciencia de España ante la nueva etapa de China y los retos que supone.
Pero el progreso chino tiene también sus desafíos. Uno de los más importantes es la enorme necesidad de recursos energéticos y de materias primas lo que conlleva un creciente choque de intereses, particularmente, con los Estados Unidos.
En la actualidad, China tiene presencia en casi todos los puntos del globo donde existe la posibilidad de obtener suministro de gas o petróleo como Rusia, Irán o Sudan. También tiene una creciente actividad en países como Venezuela, Argentina o Perú. Además, aunque probablemente por otras razones, existe una creciente cooperación con Cuba, especialmente en la renovación de puertos, transporte por carretera y ferrocarriles.
Los Estados Unidos miran el ascenso de China con mayor desconfianza cada día. Condolezza Rice advirtió, durante una reunión del llamado dialogo trilateral sobre seguridad con Australia y Japón, que “el reforzamiento militar chino es una preocupación para nosotros que tenemos una responsabilidad en la defensa de la paz en la región de Asia Pacífico”.
Australia que posee el 40% de las reservas de uranio del mundo, ha llegado a un importante acuerdo para el suministro de este combustible a China que, aunque destinado a uso civil, a buen seguro incrementará la inquietud norteamericana.
China afronta también desequilibrios internos y crecientes tensiones sociales. El número de “disturbios de orden público” en los que se producen, en muchas ocasiones, choques muy violentos no ha parado de crecer en los últimos años llegándose a la cifra de 87.000 el pasado año.
El undécimo Plan quinquenal (2006-2010) aprobado en el reciente pleno de la Asamblea Nacional Popular pretende dar solución a los principales desequilibrios que presenta la China de hoy.
Se aspira a reducir la gran desigualdad existente entre el campo y la ciudad que, en los casos más extremos, llega a una proporción de uno a diez. También se pretende incrementar la capacidad de compra y el consumo de los ciudadanos y combatir la pobreza.
Los próximos años se va a dar prioridad a la modernización del Estado chino, se van a incrementar los recursos para la educación, la sanidad, la atención social o las infraestructuras.
Se han anunciado pasos para conformar un verdadero estado de derecho y para mejorar la situación de los derechos humanos, pero si la modernización china quiere progresar en armonía, necesitará de avances democráticos que permitan canalizar la representación de los distintos intereses sociales pacíficamente. La falta de control político y social conlleva arbitrariedades y corrupción y ahí está el origen de muchas tensiones y de los mayores riesgos para el futuro.
Joan Calabuig Rull
Boletin Internacional PSOE
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