Como era previsible, el debate de política general sobre el estado de la nación ha venido marcado por la difícil situación económica y las graves consecuencias provocadas por la crisis del sistema financiero norteamericano.
Nuestra economía tiene problemas y desequilibrios propios, especialmente la alta tasa de desempleo, que es todavía peor en nuestra Comunidad. Sin embargo, no es menos cierto que la gravedad de la situación actual tiene mucho que ver con las consecuencias globales de una determinada forma de ver la economía y la sociedad basada en la codicia, la irresponsabilidad e incluso el fraude.
Importantes dirigentes empresariales valencianos y de otras comunidades han expresado la necesidad de responder a la situación actual alcanzado amplios acuerdos políticos y sociales. También lo han hecho las organizaciones sindicales. Sin embargo, si algo ha dejado claro el debate es que el PP y en concreto Rajoy no va a recorrer ese camino.
El líder del PP es un político en declive que, una vez más, ha reiterado la estrategia de confrontación sin dejar resquicio alguno al acuerdo. Esta vez, ni siquiera ha guardado las formas. Ahora, es el España se hunde, como hace pocos años fue el España se rompe.
Rajoy no ha hecho propuestas porque no las tiene y si las tuviera no se atreve a explicitarlas porque contienen elementos antisociales que la mayoría de los ciudadanos rechazarían.
El dirigente conservador ha vuelto a acusar a Zapatero de haber mentido sobre la verdadera situación crisis. A veces, el cinismo no tiene límites. El y los demás portavoces del PP ocultan que en la memoria económica de su programa electoral para las elecciones de 2008 prometieron dos millones doscientos mil empleos para esta legislatura y anunciaban un crecimiento del 3% del PIB para este mismo año.
Zapatero ha vencido una vez más en un debate con Rajoy. Lo ha hecho porque pese a las dificultades, está afrontando la crisis e impulsando nuevas medidas, actuando en los foros de coordinación internacional como el G-20, protegiendo a los más vulnerables y abriendo el camino a un nuevo modelo de crecimiento. Esa es la clave de la credibilidad del gobierno socialista, por eso inspira más confianza a los ciudadanos.
Desde la perspectiva de la Comunidad Valenciana hay que prestar especial atención a las nuevas oportunidades que van a abrirse con la Ley para la Economía Sostenible anunciada por Zapatero. Se trata de un instrumento para la construir una economía verde que impulse sectores de futuro como las TIC, las relacionadas con la biotecnología, el turismo sostenible, la economía social vinculada a los servicios de la dependencia, el sector energético – energías renovables, rehabilitación y aislamiento de edificios, redes energéticas inteligentes-, la reconversión de industrias contaminantes o impulso a las relacionadas con la gestión medioambiental.
La nueva norma impulsará grandes transformaciones e incluirá medidas para la implantación rápida y viable de un nuevo modelo productivo. Este proceso, va a construirse sobre la base desde un amplio acuerdo social, institucional y político para definir las nuevas prioridades.
Para desarrollar este gran proyecto, es imprescindible la cooperación de las comunidades autónomas. Esperemos que Camps esté esta vez a la altura del gran reto que hemos de afrontar como sociedad, si no lo hace y continúa con la política de confrontación permanente, agravará todavía más la situación de nuestra Comunidad y comprometerá nuestro progreso colectivo.
En los últimos años, Camps ha llevado a esta Comunidad en dirección contraria por la autopista. Por eso la crisis aquí es mucho más grave, por eso crece el paro más que en ningún otro lugar.
No puede resultar extraña esta especificidad valenciana. La misma ideología que ha desencadenado una catástrofe planetaria promoviendo la falta de control público confiando en un mercado sin límites ni reglas, es la que llevó aquí al PP y a Camps a promover un modelo de crecimiento basado casi exclusivamente en un sector inmobiliario sin apenas supervisión.
La derecha valenciana y determinados sectores sociales, quedaron cegados por un espejismo de progreso que, en muchos casos se basó en el descontrol, consumió nuestro territorio, abandonó nuestra industria en un momento crucial, destruyó nuestro medioambiente, despilfarró ingentes recursos públicos, extendió la corrupción y despreció los derechos de muchos ciudadanos deteriorando nuestra imagen en Europa.
Los gobiernos deben hacer políticas anticíclicas incrementando las inversiones y promoviendo la actividad económica en los momentos de desaceleración. Eso es lo que está haciendo el gobierno de Zapatero con iniciativas como el Plan E y las nuevas medidas anunciadas. Aquí, el inquilino de la Generalitat, es un zombi político que agotó su proyecto y vació la caja. Ahora, se ha convertido en un obstáculo para que nuestra Comunidad salga de la crisis y se sume al futuro.
Joan Calabuig Rull
Publicado en Levante-EMV 14 mayo 2009
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